Nadie dijo que fuera fácil lanzarse a la aventura, dejar todo aplazado por unos días y armarse de valor para adentrarse en lo desconocido. No es nada sencillo comprometerse hasta el final con algo, sin la certeza de que sea lo que se está buscando, a lo que se aspira. Es muy difícil apartar todos los miedos y los “¿y si…?” para recibir lo que venga con entusiasmo. No se me ocurre descripción mejor ni sentimiento más acorde al hecho de salir de la famosa “zona de confort” y entrar en la “zona de incertidumbre”.

En mi caso, así empieza todo, así comienza mi experiencia C&B: saliendo de mi rutina universidad-academias-trabajos y lanzándome de lleno a la piscina durante tres intensos días. Si hay algo que, desde el primer momento hasta ahora, C&B ha provocado en mí, es la curiosidad reflejada en la pregunta: “¿y ahora qué pasará?”. Porque era y es así: en C&B cada minuto arrastraba miles de cosas nuevas y diferentes. Puede que ese primer momento lo marcara uno de los primeros correos de la cuenta de Creativity & Business que entró en mi bandeja de entrada, cuando me inscribí en las primeras jornadas de C&B, cuyo asunto se dirigía expresamente hacia mí con un “¡Bienvenida a Creativity & Business!”. De algo que en aquel instante no tenía ni idea era cómo ni cuánto me iba a aportar C&B.

Como si se tratara de la mejor colección de monedas del mundo, valoro cada uno de los dos años en los que formé parte de las jornadas (la primera: 2016 y la segunda: 2017) como alumna participante: por los ponentes, los talleres, las ideas de negocio desarrolladas, por los compañeros/as que conocí y/o ya conocía, los organizadores tan cercanos, etc. Algo que no lograba entender era cómo un grupo de chicos y chicas de unos 19-20-21 años, podían hacer realidad ese gran proyecto. Conforme les fui conociendo, comprendí que su eslogan: “la mejor forma de predecir el futuro es creándolo” era totalmente clave y los organizadores y fundadores de C&B ya habían comenzado; bienvenidos al talento joven.

Cada jornada fue diferente en cuanto a contenido y continente: los espacios cambiaron, el reto fue mayor y las ponencias adquirieron un nivel superior en el segundo año. Ambas fueron especiales en unos u otros aspectos. El primer año fue todo nuevo, todo desconocido, caras nuevas, nervios por empezar algo que superaba mis expectativas minuto a minuto. Pasaban las horas en la universidad, de ponencia en ponencia, de taller en taller, trabajando con el equipo que conocí el primer día, equipo formado por personas de carreras diferentes a la mía, personas muy distintas a mí, con las que tenía que compartir ideas, inquietudes, ánimo y ganas por hacer algo grande: una nueva idea de negocio. Al acabar el último día, después de haber tenido colgada del cuello una acreditación en la que ponía mi nombre junto a la palabra “Empresaria” los días anteriores, después de ser capaz de administrar tanto esfuerzo y tanta ilusión, después de exponer nuestra idea delante de un jurado y el resto de los participantes, después de todo… ¡no quería que acabara!

Quería seguir aprendiendo de grandes profesionales, de vivir la experiencia C&B con el resto de mis compañeros y, sobre todo, con los culpables: el equipo C&B. Ellos fueron quienes nos transmitieron los valores y la esencia; junto a ellos, nosotros, los participantes, simplemente jugábamos a ser mayores, vestidos de empresarios, hablando en todo momento como si lo fuéramos, y de verdad, cada vez que lo pienso, me dan ganas de teletransportarme a esos días y vivirlos en bucle.

Fue en el segundo año cuando el reto se intensificó por parte del equipo y por parte de los participantes. Los valores se conservaron, las normas se complicaron, teníamos menos tiempo, más requisitos, más restricciones… ¡teníamos que emplear y exprimir nuestra creatividad al máximo! Obviamente, tuve miedo de echar de menos las primeras jornadas y de pensar que se repitieran ciertos aspectos. Sin embargo, superaron mis expectativas y pisotearon cariñosamente todos mis miedos: ¡Creativity & Business es imparable!

En mi caso, la autoexigencia y las ganas de hacerlo bien aumentaron exponencialmente. Y así sucedió, disfrutando de cada instante, llenando hojas y hojas de mi cuaderno con apuntes repletos de consejos y temas interesantes que asomaban en cada ponencia, cada cápsula y cada taller, compartiendo la experiencia con mi grupo de trabajo, mucho más grande que el año anterior, conseguimos el primer premio: la idea de negocio Checky triunfó. Además, tuve el privilegio de ser la mejor empresaria y, sobre todo: feliz de vivir las jornadas C&B tan intensamente, junto con el equipo C&B y todas las caras conocidas y caras nuevas que me ofrecieron apoyo en momentos de flaqueza y a los que estuve encantada de impulsar en todo momento. No hay nada mejor que la satisfacción de saber que estamos creciendo, que estamos haciendo lo correcto y, sobre todo, que nos estamos desarrollando personal y profesionalmente juntos.

Actualmente, formo parte de Creativity & Business y, pienso transmitir desde mi humilde posición de participante y fan incondicional de C&B, todos y cada uno de los valores y la esencia de sentirse en el momento y en el lugar adecuados, disfrutando y exprimiendo al máximo cada detalle. Entre todos, lo haremos posible, ¡prepárense para las próximas jornadas C&B!

 

Texto: María Privado Barrios  – Departamento de alumnos

Revisión y maquetación: Anais Valencia Corcín – Departamento Social

 

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